sábado, 20 de mayo de 2017

Educación con mayúsculas

VISIÓN DE UNA EDUCACIÓN CON MAYÚSCULAS.

El pasado martes se produjo la coincidencia de dos cuestiones que mi mente ha enlazado de inmediato. La primera relacionada con mi agenda de trabajo, un encuentro anual que los representantes de los grupos parlamentarios mantenemos en Madrid con los máximos responsables de varias empresaslsegunda fue la convocatoria de lhuelga en los centros educativos públicos en Euskadi.
Me sorprendió en  positivo el interés y preocupación por la educación mostrado por  los  empresarios: como sociedad seremos lo que queramos ser, siempre y cuando mantengamos clara la apuesta colectiva por la inversión educativa. De la misma forma me sorprendió, en  negativo, la convocatoria de una segunda huelga en lo que va de año en los centros de enseñanza públicos vascos. No ha habido convocatoria en las Ikastolas ni en los centros concertados, a pesar de que todos, públicos o privados, dependen del mismo paraguas legislativo.
La sorpresa negativa se acrecienta al revisar las razones sindicales para convocar esta huelga tan lesiva para las familias en su conjunto en un momento tan delicado como el final de curso. Es incomprensible que los sindicatos ELA y LAB utilicen como ariete contra el Gobierno Vasco la reivindicación de la retirada de la LOMCE, sabiendo como saben que se trata de una Ley impuesta por el Gobierno Español del PP con su mayoría absoluta
Es incomprensible que los sindicatos carguen contra las instituciones vascas cuando han sido estas las que han presentado un recurso contra la LOMCE ante el Tribunal Constitucional por invasión competencial. No tiene lógica  que los sindicatos vascos convoquen una huelga que lo único que consigue es debilitar el sistema educativo vasco cuando son, precisamente, las instituciones vascas las que están actuando ante los Tribunales para tratar de evitar la aplicación de esta Ley en Euskadi.
Creo que los sindicatos deberían reflexionar porque en lugar de inquietar al causante del problema, están perjudicando a quien lo sufre y trata de evitarlo. El único resultado de la huelga es un perjuicio al alumnado vasco que pierde una jornada lectiva, los docentes que van mermados sus ingresos y los padres y madres que no acaban de entender esta actitud sindical.
Lo dicho en relación a la LOMCE es de aplicación  también a las “tasas de reposición”, porque los sindicatos conocen esta limitación legal. Saben que el Gobierno Vasco ha comprometido 3.000 nuevas plazas en Ofertas Públicas de Empleo en educación pública esta legislatura. Esto representa un gran esfuerzo económico del conjunto de la sociedad para mejorar las condiciones laborales y la estabilidad de los trabajadores de la enseñanza pública. Saben que tanto el Gobierno Vasco, como nuestro grupo parlamentario en Madrid, ha insistido una y otra vez en la necesidad de que el Gobierno Español amplíe las tasas de reposición” y saben que, si se logra, el Gobierno Vasco ampliará las convocatorias de empleo público. 
Tenemos que seguir trabajando con los diferentes sectores de la comunidad educativa, pero no es de recibo que ELA y LAB planteen poner en riesgo la seguridad jurídica en la educación pública. Conocen mejor que nadie el marco legal y no pueden actuar castigando a la educación pública vasca cuando saben que el origen de las limitaciones no se encuentra en Euskadi
Algo similar ocurre con el modelo lingüístico. Sorprende escuchar a los sindicatos alzar la voz en relación a esta cuestión, cuando saben que es planteada y es nuclear de cara la futura Ley Vasca de Educación. Es paradójico  que pretendan focalizar este debate única y exclusivamente en el ámbito de la enseñanza pública, como si en el resto de centros la política lingüística no fuera relevante. Incomprensible.
Sorprende que cuestiones negociadas en el ámbito del Acuerdo Regulador de condiciones laborales se utilicen ahora por los sindicatos como motivo para convocar la huelga. En Euskadi, las condiciones laborales del profesorado en la enseñanza pública son mejores que en la enseñanza concertada. El profesorado de la enseñanza pública cumple con un horario lectivo tres horas semanales inferior al que exige la normativa estatal. Lo mismo ocurre con el número de alumnas y alumnos por aula, en Euskadi es el más bajo del Estado.
Reitero mi incomprensión: los sindicatos saben que el profesorado de la enseñanza pública en Euskadi cuenta con mejores condiciones laborales, tiene menos horas lectivas que lo establecido por la normativa del Estado y que el ratio por aula es el más bajo del Estado. A pesar de todoconvocan una huelga en la enseñanza pública, precisamente donde las condiciones son mejores. Se produce la paradoja de una convocatoria sindical en el sector que goza de mejor situación. Incomprensible.
Termino con una visión positiva sobre el futuro de la educación en general y la educación pública vasca en particular. Estoy convencido de que la calidad de la educación no vendrá de las leyes, reglamentos o directivas que se aprueben, tampoco de las huelgas y las falsas razones para convocarlas. El futuro de la educación está en manos de las y los profesionales en colaboración con el conjunto de la comunidad escolar, compartiendo el compromiso de llevar  de la mano al alumnado en el proceso integral educativoEsta es la visión de futuro de la educación con mayúsculas en la que confío plenamente.


domingo, 23 de abril de 2017





El “cambio radical” que Euskadi exige


Mariano Rajoy no olvidará fácilmente esta semana de Pascua. Mientras paseaba plácidamente por la Ruta de la Piedra, fue citado como testigo por el ‘caso Gürtel’ y tendrá que dar explicaciones ante la Audiencia Nacional. A su vuelta a Madrid, le han salpicado el estallido de la ‘operación Lezo’, la detención de Ignacio González y la declaración ante el fiscal de Esperanza Aguirre. La losa de la corrupción amenaza al PP y atenaza a Rajoy.

Durante estos últimos años, el presidente del Gobierno español y del PP ha tratado de sortear la cuestión, eludiendo ofrecer las explicaciones que la sociedad le demanda. Ignoramos si lo habrá hecho en la intimidad de la ejecutiva de su partido, pero sabemos que lo ha evitado desde el Ejecutivo y que lo ha eludido en el Legislativo. Ahora no le queda más remedio que explicar ante el poder Judicial lo que ha ocurrido… y lo que ha conocido como testigo privilegiado.

La citación de Rajoy es una noticia positiva: porque ha de contribuir a que en el futuro no se repitan casos como ‘Gürtel’; porque es necesario que el PP ofrezca una explicación seria, rigurosa y completa de lo acaecido estos años en el ámbito de la corrupción; y porque espero que este baño de realidad contribuya al “cambio radical de actitud” que desde EAJ-PNV demandamos al PP y a su ejecutiva, al Gobierno español y a su presidente.

La pasada legislatura se mantiene todavía como una pesada losa. Tanto en el Congreso como en el Senado, el Grupo Parlamentario Vasco trató de establecer una dinámica de diálogo y acuerdo. En el mejor de los casos, nos encontramos con la callada por respuesta. El PP disfrutaba de una mayoría absoluta que entonces imaginaba eterna, pues ni por asomo se planteaba la hipótesis de encontrarse algún día en la situación de debilidad y necesidad en la que se halla hoy. Fue una legislatura frustrante para cualquier parlamentario que se precie. Además, cuatro ministras o ministros se vieron obligados a dimitir, ya fuera por problemas de gestión o por tratar de escabullirse de la alargada sombra de la corrupción que se cernía sobre ellas y ellos. Pero fue, sobre todo, una legislatura peor que mala para los intereses de Euskadi.

Ninguno de los objetivos planteados en la ‘Agenda Vasca’ obtuvo respuesta. Lehendakari, Grupo Parlamentario y Partido proponían, documentaban y razonaban, y la respuesta era invariable: no, no y no. Recibimos un ‘no’ a los planteamientos económicos, energéticos e industriales; un ‘no’ a las iniciativas de paz y convivencia; un ‘no’ al avance en autogobierno. La respuesta siempre era ‘no’. Esta fue la actitud de un Gobierno español y de un PP “sin complejos”, ensoberbecidos con su mayoría absoluta. Una oportunidad perdida para encauzar el futuro desde unas relaciones de mutua confianza.

De modo que ahora, perdidos el rodillo y la mayoría absoluta tras la doble cita electoral, el PP se ha visto en la obligación de empezar de cero porque antes no supo ni quiso labrarse ninguna relación de confianza con la oposición, en general, y con el PNV, en particular. El PP y el Gobierno español dominan las matemáticas, y son muy conscientes de su situación de minoría y de la necesidad, ahora, de abrir cauces de diálogo y acuerdo. Y en ello están. Van a tener que ejercitarse mucho, porque su falta de práctica tras cuatro años de monólogo y rodillo es evidente. Pero la incuestionable realidad es que en las últimas semanas se ha iniciado una nueva etapa. Ahora resulta que la pesada losa que el PP de la mayoría absoluta había colocado sobre nosotros, el PNV, se ha convertido en una pequeña chinita que puede permitir al Gobierno español emprender el camino presupuestario con paso firme… o acabar colapsado sin posibilidades de avanzar.

La legislatura perdida por la prepotencia del PP podía haber enrocado al PNV en la comodidad del distanciamiento y la fría indiferencia, pero no: la experiencia de años ha forjado en nosotros una actitud diferente, abierta siempre al diálogo y el entendimiento. Con ese espíritu hemos afrontado la nueva legislatura. Con esa estrategia tratamos de gestionar nuestra nueva correlación de fuerzas con un Gobierno y un PP en debilidad: sin olvidar el pasado pero centrados en el futuro, siempre con la defensa de los intereses de Euskadi como principio y fin. Y los resultados comienzan a llegar. A los hechos me remito. En pocas semanas hemos logrado arrancar importantísimos compromisos, como la finalización del Tren de Alta Velocidad (y su acceso a nuestras capitales) y de la Variante Sur Ferroviaria; la retirada del recurso contra la Ley Municipal; o el desbloqueo de las promociones de laErtzaintza. Pero tenemos más tareas pendientes: una liquidación del Cupo satisfactoria para Euskadi, la redacción de una nueva Ley Quinquenal, el establecimiento de tarifas eléctricas justas y competitivas para nuestras empresas o la conquista de competencias pendientes nos ocupan y nos preocupan estos días a las mujeres y hombres del PNV. Por eso, ni nos vamos a obsesionar con el pasado, ni nos vamos a enredar en el regate en corto ahora que voces demagógicas (y sus coros mediáticos) piden al PNV que deje de hacer lo que lleva haciendo más de 100 años: defender los intereses de los vascos y de las vascas.

Siendo muy importantes, desde el PNV miramos más allá de los Presupuestos de un año concreto. Lo que aspiramos a obtener del PP y de su Gobierno es un cambio radical, sí, pero también verdadero y duradero en su actitud hacia Euskadi, y no un simple retoque cosmético con el que despachar el trance presupuestario. El PP y el Gobierno español tienen mucho que explicar sobre el pasado, cierto. Pero tienen también que rectificar en profundidad para propiciar un nuevo futuro. Y, en lo que a Euskadi respecta, disponen en los próximos días de una oportunidad pintiparada para demostrar si el suyo es, de verdad, el cambio radical que demandamos o el maquillaje de la señorita Pepis. La realidad social, económica, institucional, política y de convivencia de nuestro País demanda recuperar el diálogo y la altura de miras, el compromiso y la capacidad de pacto. Es el camino de la política. No hay otro.




domingo, 2 de abril de 2017


Surcos en Colombia
Situarse con rigor y criterio en el conflicto armado de Colombia no es una cuestión sencilla. Han sido 50 años de violencia armada, con el resultado de 300.000 víctimas mortales y más de seis millones de personas desplazadas por la presión de grupos criminales. Esta semana he tomado parte en una visita  al país sudamericano como miembro del Intergrupo de Derechos Humanos del Senado. Mi primera percepción es que la preocupación sobre la situación que existe  en el ámbito internacional tiene también su reflejo en el interior del propio país. Quiero dejar constancia de que no todos los problemas que se están viviendo se pueden considerar, en exclusiva, consecuencia del conflicto. Además de los problemas derivados de años de violencia, el país afronta graves problemas económicos, ligados a la bajada del precio del petróleo, y también sociales, con un ensanchamiento de las diferencias entre ricos y pobres, una de las más acusadas del mundo.
El día 2 de octubre del pasado año supuso un punto de inflexión en la política colombiana. Ese día tuvo lugar el plebiscito en el que se pedía opinión a la ciudadanía en relación al Acuerdo firmado en La Habana entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC de Rodrigo Londoño, alias Timochenko. La cruda realidad se impuso y después de que decenas de jefes de Estado, organismos internacionales, prensa nacional e internacional, agentes sociales y un sinfín de colectivos se posicionasen en favor del SI al Acuerdo, la ciudadanía se inclinó por el NO. El resultado muestra una situación muy polarizada, ya que la diferencia fue inferior al 0,5% de los votos para un total de 13 millones de votantes. De todas formas, a la victoria del NO al Acuerdo, se sumó la bajísima participación del 40%. Esta participación no anula la constitucionalidad del plebiscito, pero evidencia el bajísimo interés de la ciudadanía en relación a una decisión política de primerísimo nivel.
Son muchas las “verdades” que se ocultan tras este grave conflicto. Mi visita ha coincidido con una manifestación en Bogotá, una auténtica demostración de fuerza en contra del Acuerdo de La Habana que reunió a cientos de miles de personas en la calle. Fueron convocadas, a través de twitter, por quien fuera presidente del país y es, en estos momentos, responsable del único partido político del arco parlamentario contrario al Acuerdo de paz, Álvaro Uribe. Mi presencia me permitió conversar directamente con muchas personas que tenían voluntad de manifestarse y pude comprobar que tanto en el plebiscito como en las manifestaciones posteriores subyace, de fondo, una pugna entre el actual presidente y el anterior, una lucha protagonizada por Santos y Uribe. Muchas de las personas que se movilizaban lo hacían, en realidad, en manifestación crítica con la fuerza política gobernante.
El NO en el referéndum ha permitido desvelar parte de las intrigas y juegos de interés que se han producido a los largo de todo el proceso. Hoy se recuerda que el presidente Santos no tenía ninguna obligación de convocar el plebiscito, dado que contaba con la competencia para aprobar un Acuerdo como el que se había negociado con las FARC. De hecho, hoy se sabe, que fueron muchos los organismos y asesores que desaconsejaron la vía de la consulta; pero el Presidente y su Gobierno creían firmemente en el respaldo de la ciudadanía y, sobre todo, entendían que el apoyo social supondría tanto impulsar el proceso con reforzar su posición política. El resultado ha sido el contrario al deseado, la victoria del NO unida a la baja participación, han debilitado la credibilidad del presidente y del Acuerdo. En cualquier caso, todos los partidos políticos, a excepción del de Álvaro Uribe, son proclives a proseguir con el Acuerdo. 
Esta es una de las grandes contradicciones que está viviendo Colombia en relación a este débil proceso de paz. En realidad lo relevante es que el país se va acercando a las elecciones presidenciales de 2018 y, aunque ninguna de las dos principales fuerzas tiene todavía candidato, sí tienen programa: mostrarse a favor o en contra del proceso de paz. El problema de fondo radica en que los objetivos electorales a corto plazo se están imponiendo a la oportunidad de cerrar de forma rigurosa, ordenada y definitiva más de cinco décadas de violencia en el país.
El proceso de paz sigue adelante y esta misma semana se ha puesto en marcha la Comisión de seguimiento para la implementación del Acuerdo alcanzado en La Habana. Tanto Felipe González, nombrado miembro de la Comisión a propuesta del Gobierno Santos, como José Mujica, nombrado a instancias de las FARC, compartirán la responsabilidad de elaborar informes sobre los avances o los incumplimientos en la implementación de los acuerdos. El objetivo principal de esta Comisión es la interpretación del Acuerdo en caso de conflicto entre las partes, además de tener la responsabilidad de evaluar  el cumplimiento de las leyes y reformas legislativas que sea necesario acometer.
Han sido muchas las personas con quienes me he podido reunir estos días. Destacaré el encuentro mantenido con el ex presidente Álvaro Uribe, quien trasladó su malestar con el Gobierno de Mariano Rajoy por su respaldo a las posiciones del Ejecutivo Santos favorables al proceso de paz en Colombia. Esta posición vista desde nuestra perspectiva, es relevante porque resulta paradójico e incoherente que el mismo Rajoy que durante todo un lustro ha alardeado de su inflexibilidad ante el cese definitivo del terrorismo de ETA, sea quien respalde y apoye  el diálogo y el Acuerdo con las FARC en Colombia.
Más de ocho millones de víctimas  en Colombia han vivido y viven algún tipo de sufrimiento como consecuencia del conflicto, una cifra que sigue creciendo día a día, a pesar de que haya concluido el plazo que se pactó para poder declararse como víctima. El final a todo este dolor requiere superar un proceso complejo que necesitará del apoyo de todos para que el bien germine en tierras colombianas; de forma que tal y como expresa su himno, refiriéndose evidentemente a épocas pretéritas, “en surcos de dolores el bien germina ya”.


domingo, 26 de marzo de 2017

El reloj de Europa marca el futuro
Desde esta madrugada, nos guiamos, una vez más, por el conocido como horario de verano. Esta adaptación temporal que busca posibilitar un ahorro de energía se implantó, al margen de su adopción durante la primera guerra mundial, a partir del año 1973, cuando la mayoría de los países industrializados trataron de hacer frente a la complicada situación que se vivía durante la crisis del petróleo.
Fue ese 1973, precisamente, el año en el que el Reino Unido se incorporó a la entonces CEE; el mismo Reino Unido que ha decidido ahora abandonar la actual Unión Europea sumiéndola en una crisis existencial de grandes dimensiones. La que en aquel momento se conocía como la ‘Europa de los Nueve’ había  pasado a ser una esperanzadora ‘Europa de los Veintiocho’ aunque en muchos foros ya comienza a funcionar con un miembro menos; habrá que adaptarse, igual que lo haremos hoy a un domingo de solo 23 horas.
Como es bien sabido, el proyecto común  europeo tiene su germen en los Tratados de Roma, de cuya firma se cumplieron ayer sesenta años, y sin cuya formalización Europa no sería la misma que conocemos. Con sus defectos pero con sus muchísimas virtudes. Así pues, es una efeméride a celebrar, aunque nos sorprenda inmersos en un profundo proceso de reflexión acerca del futuro al que nos enfrentamos.
El conocido como Brexit es quizá el capítulo más ostensible de un problema más profundo que, sin embargo, se muestra cada vez con más notoriedad en todo el viejo continente, con el auge de la extrema derecha en países como Holanda, Francia, Hungría, Austria o Alemania, y que evidencia una crisis de los valores que impulsaron la puesta en marcha de un proceso de integración por el que, sin duda, merece la pena seguir apostando.
La postura anti-europeísta mostrada por Donald Trump tampoco es beneficiosa en este sentido, aunque quizá debamos convertir esa dificultad que genera la posición de la potencia norteamericana en una oportunidad para Europa, en una regeneración que devuelva la confianza en la política y en las instituciones a los habitantes del continente, reforzando la participación y la soberanía compartida.
Euskadi tiene un claro compromiso con el proyecto de integración europeo, donde aspiramos a tener lugar y voz propia; un compromiso de unión dentro del respeto al papel de las naciones dentro de esta Europa de los Pueblos, y conscientes de que el concepto de soberanía es cada vez más relativo y ya no va irremediablemente unido a la idea de Estado. El proceso de integración europea ha ido restando ámbitos de decisión de carácter individual a los Estados que se sustancia en una atribución de competencias hacia la Unión.
Tal y como evidencian los dos tratados firmados en Roma en 1957, el de la Comunidad Económica Europea y el de la Comunidad Europea de la Energía Atómica, la argamasa de la primigenia comunidad continental tenía un claro perfil económico, pero, seis décadas después, debe encabezar también un proceso de globalización que se asiente en un ideario más humano y más social; una nueva etapa de desarrollo centrada en la persona, una persona que comparta, participe y recobre la confianza en sus propias instituciones europeas. Me hace albergar esperanzas la posición de respeto hacia los derechos humanos que ante la Asamblea del Consejo de Europa de la que soy miembro han mostrado siempre personas tan relevantes como François Hollande, Donald Tusk o Jean Claude Junker, entre otros dirigentes.
La inmigración, la incapacidad de dar una respuesta integral al drama de las personas refugiadas, el calentamiento climático, el abastecimiento energético y los nuevos equilibrios geopolíticos que dejan atrás un orden mundial sustentado hasta finales del pasado siglo sobre el equilibrio entre dos bloques demandan una Europa más unida, comprometida con la libertad y la democracia, convencida de que el respeto a los derechos humanos y al estado de derecho es su mayor fortaleza.
También los reiterados episodios de terrorismo que sufrimos reiteradamente, como el del pasado miércoles en Londres, o como ocurrieran anteriormente en Bruselas, en Niza, en París, en Berlín, en Madrid o incluso en Ankara y en otros muchos lugares del mundo, nos obligan a diseñar soluciones con una visión global y, por qué no, a repensar nuestro modelo y a volver a plantear la recuperación de unos valores que asienten una convivencia más armónica.
La Unión Europea pronto contará con un miembro menos, al igual que este 26 de marzo disfrutaremos de una hora menos; pese a todo, la bandera europea, cuyo diseño se inspira en el de un reloj, seguirá contando con las mismas doce estrellas doradas, y su complejo engranaje permitirá que siga avanzando inexorablemente el mismo proyecto común e integrador con el que la Ciudad Eterna lo vio nacer hace seis décadas y cuyos principios siguen más vigentes que nunca.